Noticias

Innovación: cuando la ciencia se reúne con los negocios

Emprendedores argentinos logran vincular investigaciones científicas con ideas innovadoras. Muchos comienzan en concursos y se transforman con éxito en negocios. Casos testigo.

Con la finalidad de generar una ola constante para los amantes de los deportes acuáticos, la empresa argentina South Entertainment Group, con su marca Waveseg Evolution, trabaja en un sistema de olas artificiales y está en conversaciones con inversores y dueños de los terrenos para instalar varios complejos. Omar Modini, quien está al frente del proyecto que funcionará con sistema de franquicias, explica que es una inversión a largo plazo y de fácil recuperación: “Son más de 40.000 los surfistas registrados en el país y hay muchos más y se sumarán más al ver la ola”, dice entusiasmado.

Sera la primera ola artificial económicamente rentable del mundo por sus características.  “La ola puede atraer otros negocios: en hoteles, bares, tiendas de deportes, o eventos generales. También sumándolo a otros deportes”, explica a Multitaskers.

Modini se inició con los Flyboard, la primera ola móvil del mundo de Waveloch. Con esa experiencia, repensó la idea y la trabajó con un equipo de especialistas. “La pensamos para darle más opciones a los apasionados del surf y que pueden practicar todo el año, en cualquier parte del país y mejorando las propuestas existentes”, explica. La ciencia se puso o a su servicio.

No están solo: cientos de emprendedores logran vincular cada año el trabajo científico en universidades y centros de investigación con ideas innovadoras. En la décima edición del concurso nacional Innovar, de 2014, por ejemplo, se exhibieron 240 productos y procesos destacados por su diseño, tecnología y originalidad.

Casos emblema

Una pizarra luminosa (foto), una bicicleta eléctrica pensada para áreas urbanas, un generador de agua potable con energía solar y un motor con piezas que no se desgastan son algunas ideas innovadoras nacidas en los últimos meses en el país a través del concurso Innovar.

Ar Motores, la empresa Rodrigo Alcoberro, creó un motor eléctrico que tiene la particularidad de no tener piezas que se desgasten, como escobillas o carbones: “Es un dispositivo único en toda Sudamérica, porque tiene el controlador eléctrico incorporado adentro del motor», explicó durante una presentación reciente de su propulsor de bicicletas eléctricas.

En un encuentro de Innovar realizado a fines de 2014 en Tecnópolis, también estuvo Guadalupe Ceijas, una estudiante cordobesa de diseño industrial, quien mostró un vehículo eléctrico de dos ruedas que fue pensado, según explicó a la agencia Telam, para jóvenes estudiantes o profesionales de 20 a 35 años que viven en espacios reducidos, como departamentos o casas sin patio, y está diseñado para que pueda plegarse, meterse en ascensores y levantarse, porque pesa menos de veinte kilos.

«Cada vez hay más espacios para transferir conocimiento y tecnología en productos que mejorar la calidad de vida.»

Otro proyecto destacado fue el de Luis Saravia y Ricardo Caso, investigador y personal de apoyo del Conicet respectivamente, quienes crearon en Salta un prototipo de generador de agua potable con energía solar. El equipo puede potabilizar hasta 30 litros de agua por día, la destila primero, separando el agua pura de la parte contaminada, lo que permite procesarla luego para volverla apta para su consumo.

El ministerio de Ciencia y Tecnología es uno de los articuladores. Pero no el único. El ministerio de Industria, el Banco Interamericano de Desarrollo, ONGs y diversas cámaras empresarias organizan cada vez más premios, concursos e iniciativas para vincular ciencia con tecnología. Innovar entrega premios por más de $ 1 millón en cada edición. Todos tienen la vocación de promover la transferencia de conocimientos y tecnología a productos y procesos que mejoren la calidad de vida de la sociedad y, en el camino, generen nuevos negocios.